domingo, 21 de abril de 2013

Apnea del sueño


Muchas mujeres que se despiertan cansadas por la mañana y se sienten soñolientas durante el día pueden, sin saberlo, hacer pausas frecuentes en la respiración mientras duermen. Es la denominada apnea obstructiva del sueño, un trastorno que hasta ahora solo se había relacionado con los hombres. Estas apneas siguen un patrón característico: al poco de quedarse dormida, la persona empieza a roncar; los ronquidos se intensifican y, de repente, se produce un largo periodo de silencio durante el cual no hay respiración, lo que provoca un fuerte resoplido y jadeos cuando la persona trata de respirar.
Investigadores de la Universidad de Uppsala y de la Universidad de Umea, en Suecia, encuestaron a 400 mujeres a partir de veinte años, que también se sometieron a un estudio del sueño. Concluyeron que la frecuencia de las apneas aumenta con la hipertensión, la obesidad y la edad. Además de la somnolencia diurna, pueden aparecer otros problemas que dificulten el desempeño de la actividad laboral o académica.
Los síntomas asociados son más de los que imaginamos: irritabilidad, impaciencia, dolores de cabeza, aumento de ansiedad y depresión, pérdida de interés sexual, hiperactividad, riesgo de accidentes, o, en los casos más graves, hinchazón de piernas. Sin tratamiento, pueden causar y empeorar enfermedades cardiovasculares, como la arritmia o la hipertensión... Si se tratan, los problemas provocados por la apnea se corrigen totalmente. Por este motivo, es aconsejable acudir a un profesional en cuanto se detecten los primeros síntomas.



miércoles, 20 de marzo de 2013

Subir la autoestima



  • Valórate a ti mism@ sin esperar que lo hagan los demás. Sé tu propi@ mejor amig@. Quiérete.
  • No pierdas en ninguna circunstancia el sentido del humor y trata de desdramatizar cualquier hecho desgraciado que te ocurra.
  • Convéncete de que las causas de todo lo bueno que sucede son constantes y tienen que ver con tus habilidades y valores y con nada más.
  • No desconectes jamás la comunicación positiva contigo misma. Saca provecho del día a día para enriquecerte personalmente.
  • Disfruta con el trabajo, mantén siempre una sana ambición y deseo de superación.
  • Recuerda que tú eres felicidad, y que ésta depende sobre todo de tu actitud, más que de las circunstancias que te rodean.
  • Asume que la mejor manera de prepararse para vivir bien en el futuro es vivir el presente a tope, con plena sinceridad u con una sonrisa en los labios.
  • Asume que con tu vida, tu trabajo y tu esfuerzo haces felices a otros. Practica el principio"cuando yo gano-tú ganas"; disfruta haciendo el bien y te sentirás mejor.
  • Los fracasos, de la misma manera que los errores, son oportunidades para aprender y para evitar nuevos y mayores errores.
  • Lamentarse y quejarse sólo sirve para agotarse física y mentalmente. Si eres inteligente, engánchate a la alegría, a las ganas de vivir, y a disfrutar a tope.

Trucos que te harán más feliz



  • Conjuga el verbo ser mejor que el verbo tener.
  • Escucha a todo el mundo. De todos podemos aprender algo positivo.
  • No vives solo. Si piensas en los demás, tu relación contigo mismo cambiará.
  • Unas veces ganas en unos aspectos y pierdes en otros. Asumirlo es sinónimo de inteligencia.
  • Relativiza. Ni todo es blanco ni todo es negro. La vida está llena de matices grises.

miércoles, 30 de enero de 2013

CAUSAR BUENA IMPRESIÓN


Seguro que has conocido a personas con las que te has sentido incómodo desde el principio o que te han caído de maravilla de inmediato, y sin saber explicar muy bien por qué. Según los expertos, disponemos de entre siete y 17 segundos antes de que las personas se formen una opinión sobre nosotros. Aunque los hechos posteriores puedan servir para que reconsideren su primera impresión, es difícil que erradiquen por completo sus primeros sentimientos hacia nosotros. Para que la cosa marche bien hay unas pautas a seguir:

  1. Da protagonismo a la otra persona. En lugar de hablar solo de ti, procura convertir a tu interlocutor en el centro de atención sin dejar de formar parte de la conversación.
  2. Evita el "síndrome del gracioso". El humor es un buen recurso si se sabe cómo utilizarlo, pero, cuando no se conoce a la otra persona, es mejor evitar según qué chistes para no meterse en un terreno que, tal vez, pueda herir o molestar.
  3. Muéstrate atento. Para confirmar que estás prestando atención, mira a la persona a los ojos y sonríe abiertamente cuando te hable.
  4. Mantén una actitud positiva y trata de contagiarla. Demuestra con actos que quieres que se sienta bien en tu compañía. Y, sobre todo, sé tú. Muéstrate tal y como eres.
  5. Escucha lo que te dicen. Muestra interés sincero y, sin interrumpir, da muestras de que sigues lo que te cuentan.
  6. Observa sus respuestas y emociones. Procura ver cómo responde y trata de reconocer sus emociones. Te servirá para saber si es una persona tímida, si busca amigos o si está interesado en ti.
  7. Ponte en su nivel de cordialidad. No hace falta que te muestres serio, especialmente si tratas con una persona de conversación alegre y desenfadada.
  8. Hazte entender. La gente tímida tiende a murmurar en lugar de hablar, como si lo que tuvieran que decir no fuera importante. No tengas reparos en vocalizar bien.

viernes, 18 de enero de 2013

Complejo de Cenicienta


El complejo de Cenicienta pueden padecerlo desde amas de casa sumisas hasta profesionales cualificadas que bajo una fachada de éxito ocultan el miedo y necesitan subordinarse o depender de otras personas. Para la psicóloga norteamericana Colette Dowling, autora del libro El complejo de Cenicienta, este tipo de  mujer esconde un tremendo miedo a la independencia. El deseo de que otras personas cuiden de ellas las sume en una especie de letargo que les impide desarrollar sus facultades y creatividad. "Como Cenicienta -explica- estas mujeres esperan algo que venga a transformar sus vidas". Y ese algo, por lo general, es un hombre, un príncipe azul que llega para salvarlas. Un varón en el que apoyarse y que les evite el esfuerzo de enfrentarse a la vida. Ese anhelo de que alguien cuide de ellas tiene mucho que ver con la forma en que se ha sido educada en la infancia. Y es que las actitudes protectoras y discriminatorias de muchos padres hacia sus hijas acaban por convertirlas en seres dependientes y asustados.

Los síntomas más característicos de alguien aquejado de este complejo son: una autoestima penosamente baja; indecisión e inseguridad (aunque aparentemente se comporten con dominio de sus sentimientos) que pueden llegar a desembocar en angustia, depresión o abandono de ilusiones para buscar la protección de un hada madrina.

Aprender a tomar resoluciones, coger las riendas y cargar con la propia vida no resulta nada fácil, pero los psicólogos recomiendan una serie de acciones para aumentar la seguridad:

  • Sentirse necesitada de protección y amparo no es malo, pero si has renunciado a una parte esencial de ti misma y no sabes asumir las responsabilidades, debes esforzarte por liberarte de las ataduras que te inmovilizan.
  • Comienza a atribuirte algún mérito y virtud.
  • No te responsabilices de los fracasos de los demás.
  • Enfrentarse a las situaciones de riesgo y a los sentimientos nuevos incrementa el espíritu aventurero. ¡No huyas y empieza a hacerlo!
  • Acepta la responsabilidad de tomar decisiones y emitir juicios. Basta de acomodarte a las opiniones y sugerencias de los demás.
  • Deja de creerte una víctima. Tú eres la responsable tanto de tu felicidad como de tu desdicha. Conviértete en dueña de ti misma.
  • Intenta independizarte económicamente, si puedes; y si eres ama de casa ten muy claro que no tienes que pedir permiso a tu marido para comprarte un vestido o darte un capricho. Él trabajará fuera de casa, pero tú lo haces dentro y para toda la familia, así que el dinero es de los dos.