sábado, 21 de abril de 2012

Convierte la queja en una motivación



El descontento puede esconder un deseo insatisfecho, escúchalo

Detrás de frases como “¡Qué fastidio!”, “no lo soporto, otra vez con lo mismo”… se oculta una insatisfacción: ¿necesitas escaparte de la rutina?, ¿tomarte las cosas más a la ligera? Aunque no lo parezca, evitar que eso que tanto te saca de quicio deje de enojarte sólo depende de ti.

Platón estaba convencido de que hay dos formas de inconformismo: uno activo, que ayuda a avanzar, y otro indolente y plañidero, que estanca a la persona. Si bien el primer impulso cuando algo no sale como queríamos es quejarnos, conviene superar esa reacción automática cuanto antes. Sólo así podrás pasar página, si es que se trata de algo sin importancia –sufrir un atasco, haber perdido algo, etc.-, o encontrar la solución a todos tus lamentos –te falta tiempo para ti, no encuentras tu sitio, etc.-. El descontento es el primer paso en el progreso de un hombre”, decía el genial escritor Oscar Wilde.

El origen del malestar
Parafraseando el refrán: dime de qué te quejas y te diré cómo eres. Descubre, a continuación, lo que se esconde detrás de cada una de tus protestas.
  • La raíz del conflicto. Todo lamento implica en sí mismo un deseo de cambio. Cuando tus quejas se dirijan demasiadas veces hacia un mismo terreno –la pareja, el trabajo, tu familia, tus vecinos, etc.-, intenta sacar conclusiones y atender esa necesidad como se merece. De esta forma, la queja no sólo te traerá el reconfortante consuelo de los tuyos sino también la llave que cerrará la puerta a futuras frustraciones.
  • Recapacita. ¿Te quejas constantemente de que tus esfuerzos no tienen recompensa? Tal vez estás poniendo demasiada carne en el asador y tu depósito de energía vital está bajo mínimos. ¿Qué estás cansado/a de hacer siempre lo mismo? Tal vez necesites introducir el factor sorpresa en tu vida. ¿Qué la gente no te valora lo suficiente? Tal vez la única aprobación que necesites sea la tuya. Sólo se trata de desenmascarar el conflicto y de afrontarlo.

DÓNDE ESTÁ EL LÍMITE: ¡BASTA DE “TERRIBILITIS”!

La queja tiene sus funciones. El llanto del bebé llama la atención de sus padres –“quien no llora no mama”, que dice el refrán-, una queja constructiva en el trabajo o en casa puede hacer que recibas esa ayuda que tanto necesitas. Pero todo tiene un límite.
  • SIN DRAMATIZAR. El psicólogo Rafael Santandreu, autor del libro “El arte de no amargarse la vida”, considera que la mayor parte de los problemas emocionales –la angustia, el desánimo, etc.- “son el resultado de esa tendencia a calificar de terribles cosas que no lo son”. La mejor medicina contra ese mal hábito es relativizar: decir “¡basta de terribilitis!” y saber diferenciar entre lo que es una decepción de lo que es una tragedia. “Si tu mal tiene remedio, ¿por qué te quejas? Si no lo tiene, ¿por qué te quejas?”, reza un proverbio oriental.
  • SIN EXIGIR. Muchas veces, nos quejamos porque nuestras expectativas no se están cumpliendo. Ante eso, lo mejor que podemos hacer es bajar el listón y aceptar las cosas tal y como vienen, algo que denotará gran madurez por tu parte. “Las personas más vulnerables emocionalmente están llenas de exigencias –afirma Santandreu- y cuando éstas no se cumplen se enfadan”. La clave, según el terapeuta, está en no pedir demasiado a la vida.

Reconduce la situación
  • En la senda del equilibrio.Aprobarlo todo suele ser ignorancia; reprobarlo todo, malicia”, afirmaba el escritor Baltasar Gracián. Hay épocas en las que uno puede estar más “crítico con el sistema”, pero intenta que eso no inunde tus pensamientos de pesimismo o afecte a tu relación con los demás. Las personas que se quejan por vicio no tienen muy buena prensa porque suelen ser algo quisquillosas y negativas.
  • La mejor táctica. Quejarse es inútil, una pérdida de tiempo”, suele decir el científico Stephen Hawking. Cuando algo te irrite –la impuntualidad de un amigo, la falta de tacto de un familiar, etc.-, piensa en las posibilidades que tienes a tu alcance para resolver la situación. Para que esta táctica funcione es requisito imprescindible que la solución sólo dependa de ti. En el primer caso, puedes optar por citar a tu amigo media hora antes o aprovechar el tiempo de espera haciendo algo que te guste. En el segundo, intentar que los arranques de sinceridad de ese familiar dejen de afectarte o verlo con menos frecuencia.

NO TE INSTALES EN LA INSATISFACCIÓN

  • DALE LA VUELTA. Haz un esfuerzo por ver el lado positivo de las cosas. “Sólo hay una forma de resistir el frío: estando contento de que haga frío”. Afirmaba Alain, filósofo francés.
  • ADÁPTATE.Haz lo que puedas, con lo que tengas, allí donde estés”, aconsejaba el político Theodore Roosevelt. Asumir la realidad con la máxima entereza posible ayuda a encajar mejor cualquier revés. ¿Sabías que el ser humano se enfrenta a una media de 20.000 pequeñas adversidades a lo largo de su vida?
  • ¿COSA DE LA FORTUNA? Intenta no maldecir en exceso tu supuesta mala suerte. Puede haber alguien a tu lado que te recuerde lo que dijo José Ingenieros, psicólogo argentino, en una ocasión: “Los que se quejan de la forma como rebota la pelota, son aquellos que no la saben golpear”.

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