sábado, 14 de julio de 2012

Técnicas para superar la timidez


Abrirse a los demás, la clave para ganar confianza

Todos, en mayor o menor medida, tenemos un cierto grado de timidez. Se trata de un rasgo de carácter que nos permite ser prudentes y discretos pero que, si resulta excesivo, puede limitarnos.

No deja de ser sorprendente que personajes tan relevantes como la escritora Agatha Christie o el científico matemático Albert Einstein tuvieron un gran problema de timidez, rasgo que no les impidió triunfar en sus respectivos campos. Si otro gran tímido, Mahatma Gandhi, fue capaz de conseguir la independencia de la India sin otra arma que su firmeza de carácter y su perseverancia… ¿qué te impide conseguir tus objetivos en la vida, por tímido/a que seas?

No siempre es un rasgo negativo

En primer lugar, hay que tener en cuenta que la timidez no es un defecto. Los tímidos suelen ser personas prudentes y educadas, lo que les ayuda a ser aceptados socialmente. Según la psicóloga Pilar Valera, autora del libro “Tímida-mente”, atraen a los demás por su capacidad de “escuchar bien y ser sonrientes y discretos”. Además, la introversión característica de estas personas les hace ser más creativos y originales. El problema surge cuando este exceso de prudencia les impide llevar la vida que desearían o les produce sufrimientos o ansiedad. En estos casos, hay que tomar conciencia del problema y actuar.

UNA MENTE MÁS REFLEXIVA Y COMPLEJA

Una universidad estadounidense ha realizado un estudio sobre el funcionamiento cerebral de las personas tímidas, obteniendo estos interesantes resultados.
  • MÁS PROFUNDOS. Ante estímulos visuales (fotografías, etc.) el cerebro de las personas tímidas no se limita a la percepción visual, sino que elabora la información de una forma más profunda.
  • MÁS CREATIVOS. Al emplear más tiempo en la toma de decisiones, están más predispuestos a la reflexión y a la creatividad.

Lánzate a la vida

No se trata, por lo tanto, de cambiar tu personalidad, sino de aceptarla y actuar en consecuencia.

  • Acéptate tal como eres. El tímido se angustia más intentando ocultar su vergüenza que afrontándola directamente. Para romper con este círculo vicioso, es conveniente reconocer este problema y hacerlo partícipe a los demás. Tal como afirma el psicólogo Giorgio Nardone: “La fragilidad declarada se convierte en fortaleza”. Si te aterra hablar en público, por ejemplo, la mejor forma de iniciar tu discurso es reconociéndolo: “Soy una persona tímida –puedes empezar-, pero intentaré hacerlo lo mejor posible.”
  • Evita el “autosabotaje”. Para el tímido, no hay peor enemigo que sí mismo. Ideas como “lo mío no le interesa a nadie”, “seguro que haré el ridículo”, “lo más probable es que me equivoque”, etc. Le bloquean y predisponen al fracaso. Para anularlas, lo más eficaz es sustituirlas por muletillas del tipo “todo el mundo se equivoca”, “soy capaz de hacerlo”, etc.
  • Gana autoconfianza. Pensar que los demás son mejores que tú no sólo es una idea falsa, sino que, además, te impide actuar con seguridad. Para evitarlo, debes revalorizarte, concediendo más importancia a tus virtudes que a tus defectos.
  • Decídete y actúa. Las personas tímidas se caracterizan por un exceso de reflexión. Pensar bien las cosas es un rasgo muy positivo pero, si se hace en exceso, puede resultar paralizante. “Mientras el tímido reflexiona, el valiente va, triunfa y vuelve.”, reza un proverbio griego.

APRENDE A RELACIONARTE CON LOS DEMÁS

El escritor Jorge Luis Borges era tan tímido que siempre que debía hablar en público, era su amigo, el poeta Oliverio Girondo, quien lo hacía en su nombre. Pero, según recomienda el psicólogo Robert S. Weimberg, lo que hay que hacer en estos casos es enfrentarse al problema: “Mirar a los ojos de los interlocutores, no huir, quedarse en el grupo, hablar de algún tema, sonreír… No se trata de tener valor para hablar –continúa-, sino de hablar para tener valor”.
  • TRATA DE SALIR MÁS. En lugar de encerrarte en ti mismo/a o limitarte a salir únicamente con las personas con las que tienes confianza, aprovecha cualquier oportunidad que se te presente para relacionarte con los demás y conocer gente nueva. De esta manera podrás aumentar tus habilidades sociales.
  • CONVERSA CON LOS QUE TENGAS A TU ALREDEDOR. Para perder el miedo a hablar, no hay otra técnica mejor que esforzarse en hacerlo. Puedes empezar hablando tú solo/a en casa, delante de un espejo y, a medida que vayas sintiéndote más seguro/a, entablar conversaciones en las tiendas, en el ascensor, en tu lugar de trabajo, etc. Al final, acabarás por disfrutar de ello.
  • HAZ UNA LISTA DE TEMAS. Si no sabes que decir, prepárate con anterioridad temas que puedan resultar interesantes. Los sucesos de actualidad o el tiempo son buenos recursos, sin embargo, si prefieres algo menos estándar, puedes interesarte por las aficiones, gustos o planes de la otra persona.
  • ATRÉVETE A DISENTIR. Para caer bien a los demás, no hay que limitarse a decir “sí” a todo. Atrévete a defender tus ideas, aunque sean contrarias a las de tu interlocutor. De lo contrario, te sentirás inferior a él.