martes, 25 de septiembre de 2012

Cómo evitar las falsas expectativas



  • Asegúrate de que captas lo que la gente te dice. No interpretes las palabras de los otros ni tampoco sus silencios. Si algo no te queda claro, pide  que sean más explícitos.

  • Deja claro tu mensaje. No des pie a que malinterpreten tus palabras. No dejes cabos sueltos y verifica que el otro ha entendido exactamente lo que querías decir.

  • No esperes de los demás ciertos comportamientos. Lo que tú harías en una circunstancia concreta no debe ser la referencia para lo que esperas que hagan los demás.

  • No responsabilices a los demás de tus decepciones. En muchos casos, el problema no está en lo que los demás han hecho, sino en lo que tú creías que deberían hacer o te habías imaginado que harían.

  • Aprende a sustituir tus expectativas por ilusión. Si sientes ilusión por algo, te gustaría que ocurriese  pero conoces  y aceptas la posibilidad de que no ocurra.

  • Sé consciente de que no hay ninguna certeza de que se cumplan tus expectativas. Evitarás el riesgo de sentirte decepcionado.

domingo, 23 de septiembre de 2012

Abrazos contra el estrés



Un día estresante puede contrarrestarse con el amor de una pareja. Una investigación de la Universidad de Toronto ha demostrado los beneficios de algo tan simple pero tan hermoso como recibir un abrazo del ser amado al final de la jornada laboral. Los participantes del estudio habían estado viviendo en pareja durante los seis meses previos a la investigación, y se les encuestó sobre la intensidad del vínculo en su relación. Durante el experimento, se  monitoreó la presión sanguínea de los participantes a lo largo de las 24 horas de un día laboral, y se evaluó el nivel del estrés al que les exponía su trabajo. Los resultados fueron sorprendentes: en aquellos que al llegar a casa después de la jornada laboral recibían el apoyo y los mimos de su pareja se reducía tanto la presión arterial como los niveles de estrés.

martes, 18 de septiembre de 2012

La actitud que cura



La fuerza de la mente puede reducir la intensidad del dolor y propiciar  la autocuración del organismo


La sensación del dolor es más o menos intensa no sólo en función del mal que se padece sino de cómo afrontamos ese dolor. Una investigación del Centro Médico Baptista de la Wake Forest University (EE UU) ha demostrado que tener bajas expectativas sobre un dolor inminente puede reducir la percepción del mismo. Así la intensidad del dolor experimentada por un paciente disminuye o aumenta en función de lo que éste espera sentir. El doctor T. Koyama, uno de los responsables del estudio, afirma que “una actitud positiva permite reducir hasta un 28% la percepción del dolor de forma similar a lo que hace la morfina”. De este modo, tener pensamientos positivos acerca del dolor puede alterar la forma en que el cerebro lo procesa.

Por qué cura el placebo

Este no es el único estudio que ha abierto puertas al tema del poder de nuestra mente para mitigar el dolor o incluso incidir en la curación de ciertas enfermedades. Otra investigación realizada por el equipo Jon-Kar Zubieta, de la Universidad de Michigan (EE UU) ha demostrado que el placebo puede aliviar el dolor, no por simple sugestión, sino porque activa las endorfinas, unas hormonas que actúan como sustancias analgésicas naturales del organismo.

Curación natural

El placebo es un fármaco sin propiedades curativas –por ejemplo una simple pastilla de azúcar- que, en experimentos farmacéuticos, se da a una persona asegurándole que le curará. Hasta ahora se creía que el poder de sugestión era el único responsable de las curaciones por el efecto del placebo. Pero ahora se ha comprobado que si el placebo se administra junto a una sustancia que bloquea la producción de endorfinas, la “curación natural” no se produce. Aunque aún queda mucho camino por recorrer en esta línea de investigación, lo que a estas alturas parece innegable es la estrecha relación entre el cuerpo y la mente en cuestiones de salud.

viernes, 14 de septiembre de 2012

¿Quieres ser más feliz? Olvídate de ser perfecto


Ser demasiado perfeccionista conduce a la aparición de estrés, ansiedad y trastornos alimentarios. Los expertos recomiendan fijarse metas realistas y entender que los errores son oportunidades para crecer como personas


“Lo más liberador es que te gusten tus imperfecciones”. Esta frase de la escritora Virginia Wolf podría resumir las conclusiones a las que han llegado los doctores Martín M. Antony y Richard P. Swinson, del Departamento de Psiquiatría de la Universidad de McMaster, en Hamilton (EE UU), para quienes la actitud excesivamente perfeccionista está asociada a una mayor presdisposición a padecer depresión, ira incontrolada, preocupación, y ansiedad social. La razón radica, según los expertos, en las elevadas autoexigencias a las que se someten las personas demasiado perfeccionistas. A estas personas, la posibilidad de cometer un error les produce un gran temor al fracaso, síntomas de ansiedad y un gran sentimiento de inutilidad. Las consecuencias son entre otras una baja autoestima y todo tipo de trastornos alimentarios.

Ser menos exigentes

Antony y Swinson aseguran que mediante una serie de estrategias y pautas de conducta es posible “desactivar” esa tendencia al perfeccionismo excesivo, minimizando la angustia y consiguiendo una autoevaluación positiva. Marcarse unas metas realistas, que respondan a los deseos y necesidades particulares, y fijarse unos límites de tiempo para cada proyecto son algunas de las propuestas de los expertos para frenar el exceso de autoexigencias. También es muy importante cambiar los pensamientos negativos y catastróficos respecto a la posibilidad de cometer errores por una sana aceptación de nuestras equivocaciones. Además, se recomienda establecer prioridades, diferenciando lo que es importante de lo que no lo es, y evaluar el éxito no solo en función de los logros sino de lo que se ha disfrutado en alcanzarlo.

Aceptar los errores

Pero lo esencial es ser indulgente con uno mismo y aprender a considerar los puntos débiles como limitaciones propias de cualquier ser humano. Todas éstas son conductas que permiten cometer errores sin sentirse culpable y entenderlos como “pistas” que nos indican dónde podemos incidir para mejorar.

martes, 11 de septiembre de 2012

Más creatividad en la vida diaria



Introducir pequeños cambios en nuestra rutina cotidiana es una buena forma de activar la mente y estimular la aparición de ideas positivas.


La repetición de los mismos hábitos cotidianos a la larga, puede conducir a algunas personas a sentirse bloqueadas mentalmente o a una disminución de su creatividad. Según la psicóloga Linda Kaplan, realizar actividades novedosas respecto a nuestra rutina supone una importante gimnasia para el cerebro, que le permite despertarse de este estado de aletargamiento. En la misma línea, una serie de investigaciones de la Universidad de Duke (EEUU) ha comprobado que los cambios producidos en las zonas cerebrales sometidas a determinados estímulos son distintos cuando la persona realiza una tarea o gesto por primera vez que cuando éstos forman parte de su rutina.

Cambios muy simples

Estos estudios han demostrado que no hay nada mejor para desbloquearse que introducir algunos cambios en la rutina diaria. Someterse a experiencias distintas crea nuevas vías cerebrales para procesar la información, lo que propicia la aparición de ideas. Según Kaplan, no se trata de romper totalmente con nuestra rutina, sino de ir introduciendo poco a poco cambios que fuercen al cerebro a trabajar de una forma novedosa en vez de la habitual: “Optar por una nueva ruta para ir al trabajo o escuchar una emisora de radio distinta puede ser determinante para desbloquear la mente”.

Mente despierta

Otras fórmulas efectivas para estimular el pensamiento son involucrar uno o más sentidos en un contexto nuevo, como comer con los ojos cerrados, ejercitar otro idioma o hacer la compra en un establecimiento distinto al habitual. Con ello se consigue que nuestra mente se mantenga despierta y, además, que tenga mayor capacidad de generar ideas positivas.