martes, 22 de abril de 2014

Sofocos y sudoración


La gran mayoría de mujeres menopáusicas sufre estos síntomas, una sensación de calor en la cara, el cuello y el pecho que se acompaña de sudoración abundante y, en ocasiones, de aceleración del ritmo cardíaco. Son la consecuencia de los desequilibrios hormonales y afecta a aproximadamente el 80% de las mujeres que se encuentran en esta época de la vida.
  • ¿Durante cuanto tiempo los tendré? Su duración es muy variable. Lo más habitual es que se mantengan durante unos dos años, pero, en el 25-50% de los casos, suelen prolongarse durante cinco años o, incluso más.
  • ¿Pueden prevenirse? Los sofocos suelen aparecer de forma espontánea, pero hay factores que facilitan su aparición, como el estrés, las altas temperaturas, los climas húmedos, los espacios cerrados o con poca ventilación, el consumo de café, bebidas alcohólicas, y comidas fuertes, etc.
  • ¿Hay algún tratamiento eficaz para combatirlos? Los suplementos dietéticos a base de calcio, vitamina D, isoflavonas de soja, insulina, etc. ayudan a aliviarlos, así como los ejercicios de relajación y la práctica regular de deporte, yoga y taichi. También se aconseja mantenerse en lugares frescos y bien ventilados y evitar abrigarse en exceso.

jueves, 17 de abril de 2014

Todo lo que el sexo puede hacer para mejorar tu salud


Hacer el amor nos proporciona una gran satisfacción, pero no sólo eso. Practicar sexo con regularidad también nos ayuda a disfrutar de una vida más larga y saludable.
  • Protege el corazón. Según un reciente estudio, los hombres que tienen relaciones sexuales dos veces por semana tienen un riesgo menor de sufrir una enfermedad cardiovascular.
  • Combate el estrés. Hacer el amor con frecuencia reduce los niveles de cortisol, la hormona responsable del estrés y la ansiedad.
  • Aumenta la esperanza de vida. El sexo nos ayuda a aumentar la hormona del crecimiento, una hormona imprescindible para mantener el cuerpo sano y joven.
  • Aleja la depresión. Durante la práctica sexual, también se liberan hormonas como las endorfinas y la oxitocina, que producen una agradable sensación de bienestar.
  • Cáncer de próstata. Un reciente estudio ha demostrado que eyacular con frecuencia puede disminuir el riesgo de sufrir esta enfermedad.
  • Insomnio. El orgasmo es una excelente ayuda para conciliar el sueño.

lunes, 7 de abril de 2014

El fruto de nuestras acciones


El bumerán es un bastón arrojadizo que tras ser lanzado regresa a su punto de origen. Así pues, su viaje es de ida y vuelta. ¿Hasta qué punto se da el efecto bumerán en nuestra vida cotidiana? ¿Todo vuelve? ¿Lo que hacemos a los otros nos lo hacemos a nosotros mismos?
Según la ley del karma, sí. Según Deepak Chopra, médico y autor norteamericano también: "Todo lo que te pasa en el presente es lo que has creado en el pasado, y todo lo que creas en el presente es todo lo que te pasará en el futuro", sostiene. Jiddu Krishnamurti decía en sus conferencias que causa y efecto no son cosas diferentes. "No hay causa aislada que produzca un efecto; están interrelacionados".

La psicóloga Mercè Conangla sostiene que la vida propaga como un eco lo que surge de cada uno de nosotros. "Si no nos gusta lo que recibimos, tendremos que estar más atentos a lo que emitimos. Lo que sembramos acaba retornando a nosotros", afirma. Según este principio, si repartimos amabilidad, nos llegará amabilidad. Es muy difícil que, por ejemplo, el camarero enfurruñado de un bar no nos devuelva amabilidad si le damos amabilidad. Sin embargo, a la hora de dar no tendríamos que esperar nada a cambio, según el Dalai Lama: "Esperar algo a cambio es como hacer un negocio".
Lo que damos no nos retorna de inmediato necesariamente ni desde el mismo lugar. Pero hay personas generosas y afectuosas, personas que siempre están haciendo  cosas por los demás, que tienen la sensación de que la vida no les corresponde en su justa medida. El planteamiento del efecto bumerán no tendría que ser mercantilista ("Doy cuatro y tengo que recibir cuatro").

Quizá el error consiste en centrar el efecto bumerán en el yo. Olvidamos que somos seres independientes., formamos parte de un todo. Y lo que hacemos o dejamos de hacer tiene efecto en este todo. Quizá tendríamos que hacer más pedagogía de la responsabilidad personal. Quizás, en vez de mirar hacia afuera, tendríamos que preguntarnos qué responsabilidad tenemos cada uno de nosotros; por ejemplo, en el hecho de que tanta gente muera de hambre. O en el hecho de que el 80% de los recursos del planeta esté consumido por un 20% de la población. Formamos parte del mundo, somos responsables y corresponsables. Una buena pregunta para formularnos es: "¿Estoy ejerciendo el margen de maniobra que tengo?".
Según el filósofo Javier Sádaba, catedrático de ética de la Universidad Autónoma de Madrid, es enormemente importante ser responsable. "Lo que uno hace, quiera o no quiera, toca el mundo", afirma. Se trata de darse cuenta de que podemos hacer mucho mal con las palabras y los hechos.

"Podemos herir las emociones de la gente fácilmente en un momento en que estemos ahogados, o ignorantes, o con esa tontería propia del que es un inconsciente o irresponsable. Y eso afecta a los que están muy cerca de nosotros, y puede afectar a todo el mundo. A mí me parece que habría que estar mucho más atentos a aquello que hacemos. Que los actos tienen consecuencias, y que podemos herir con una enorme facilidad. Y lo que hay que hacer por encima de todo es vivir bien con uno mismo y con los demás, y herir y lesionar lo menos posible".


GASPAR HERNÁNDEZ, periodista



Lo importante, mejor de palabra


Escuchar a alguien resulta más poderoso y persuasivo que leerle, concluye un estudio de la Universidad de Princenton, Estados Unidos. Los investigadores descubrieron que las actividades de hablar y escuchar no son independientes, sino que se sincronizan; y cuanto mayor es esta sincronización, mejor entendimiento se produce entre ambos interlocutores. Por eso, cuando tengas algo importante que contarle a alguien, no se lo confíes a un mensaje de móvil, a un correo electrónico o a una carta. Lo mejor es que se lo digas de viva voz, en persona o, si no es posible, por teléfono, porque al oír la explicación de tu boca, a la persona que te escucha se le activarán zonas de su cerebro que le ayudarán a entender tus necesidades y objetivos, y las posibilidades de que te comprenda y de que la comunicación fluya entre vosotros se multiplicarán significativamente.